Palomar. Pazo de tor

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En el año 2011 pinto sobre fotos de plumas clavadas en la arena después de un temporal. Esta imagen es la inspiración para el proyecto y expresa un momento personal de lucha interior, de duda. Por otro lado, la paloma, en la alquimia, es como el alma que desciende del cielo para reunirse con las aguas de la Nigredo (para Jung consiste en enfrentarnos con nuestras partes no aceptadas). Propongo dos piezas para el palomar: un móvil de plumas blancas gravitando en el interior oscuro y un mural de plumas de gaviota erosionadas por la intemperie, de tonos grises y negros, cortadas e clavadas de forma aleatoria en las heridas del muro exterior y proyectando sombras sobre el blanco de la cal. Después de un par de días de trabajo in situ, la idea del móvil muda por ocupar los nidales con plumas de blanco inmaculado, habitar los lugares donde las palomas tienen los pichones, y hace tiempo que están vacíos. Encuentro el interior lleno de egagrópilas, bolas de alimentos no digeridos por una lechuza que viene al palomar, e las utilizo como soporte físico y simbólico para las plumas. 

La intervención es un trabajo de toma de conciencia, de integración de la sombra y la luz. Las plumas oscuras clavadas en la pared de cal del muro exterior hablan de que aún queda mucho en la oscuridad, tiempo de lucha con el ego. En las blancas del interior se abre espacio para la espiritualidad, para que la conciencia aclare las cosas. La alquimia, el renacer, es producto de la integración de las dos piezas, de resolver la polaridad exterior/interior. 


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