Pintura

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Establezco afinidad con diferentes manifestaciones de la naturaleza que están en sintonía con estados internos de mi alma. Busco acercarme a la totalidad, como el artista taoísta. Soy sensible a paisajes donde experimento el orden natural, donde los opuestos se integran y lo vivo y lo muerto conviven, Eros y Tánatos. 

Los paseos diarios son fundamentalmente por la costa. En la playa convergen dos mundos inmensos, el mar y la tierra. Las mareas arrastran la playa dos veces al día y las olas mueven los residuos. Los ritmos de la playa y el movimiento entre el agua y la tierra modelan mis emociones y mi sentido del tiempo y el espacio. Los elementos naturales que encuentro, piedras, palos, conchas, plumas, algas...son vividos como símbolos en mi estudio, donde establezco una relación íntima que me conecta con los antepasados, con lo primitivo, con mi organismo y con el niño que juega. Tienen un carácter sexual, los palos son fálicos, las conchas recuerdan a la vulva, etc. 

Nos parecemos a árboles, símbolos de crecimiento, con el tronco erguido, los brazos largos y las piernas enraizadas a la tierra. Los palos con los que trabajo son los restos de los árboles, agrisados y erosionados por la sal del mar y el paso del tiempo. Los incorporo a los cuadros como símbolos de la caída, del desgaste, de la brevedad de la vida y en particular de la impotencia, de los límites, de mantenerse en la frustración. Las conchas y caparazones son tesoros del mar, con formas que reflejan sus etapas de crecimiento y protegen al vulnerable ser que vive en su interior. Con estos elementos trabajo mi coraza rígida y la retirada del mundo o dificultad de contacto. También las piedras son símbolos de dureza, de resistencia y sugieren el concepto de eternidad. 

El origen del proceso de trabajo es emocional. Imprimo sobre tela fotografías de paisajes con los que resueno, analogías de mi estado interno. Pinto sobre ellas alterando colores y formas hasta ajustarse al estado de ánimo que pretendo transmitir. Encolo sobre madera las telas elegidas e incorporo elementos naturales encontrados que convierten las piezas en relieves. Utilizo ceras, resinas y pinturas para integrar y formar un todo entre el fondo (plano emocional) y los elementos naturales en relieve (plano visceral). Con la pintura (plano mental) transmuto la materia y abordo el proceso de transformación más sutil. Al aplicar fuego, la cera y los pigmentos parecen disolver la rigidez de los caparazones, conchas y piedras. Los palos podridos se transforman en alimento a la vida, que pinto con aureolas y lascas de pigmentos de colores. A nivel simbólico el mantenerse en la frustración, en la caída, da pie a un renacimiento. Con la pintura las fronteras se desdibujan, los elementos se mezclan y los opuestos encuentran su terreno común. Pinto y transformo los aspectos inertes y difíciles en nuevos paisajes disponibles para la vida y el crecimiento. 

Caminando, la mirada se fue ampliando y dirigiendo a la espesura de la vegetación, captando la relación entre la luz, las malas hierbas y las ramas entrecruzadas de árboles y arbustos. Atraído por el crecimiento natural, alejado del punto de vista de la utilidad y el orden productivo, el estudio se llena de maleza, con mi necesidad de incorporar crecimiento libre, silvestre, vigoroso y adaptado al medio. 

El trabajo artístico me ayuda a entenderme a mí mismo, a crecer y a mostrar a los demás lo que realmente soy, mi esencia. Utilizo la creación como el contenedor fundamental de mis procesos de transformación. Mi obra es el resultado de la relación con la oscuridad, con las transiciones difíciles y también con el vibrar del flujo de la vida.